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Domingo, 5 marzo 2006

Entrevista a Federico Aparici

por Naranjas Lola

“Si alguien me pide precio le cuelgo el teléfono, ese no es mi cliente” (Publicado en ABC)

Sus naranjas, más que naranjas, parecen balas de cañón. Hambre no pasan, ¿no? 
Desde luego, conseguir unas naranjas de esta calidad es bastante complicado. No es una cuestión de suerte, sino de prestarles muchos cuidados y mimos, hacer cada cosa a su tiempo y un tiempo para cada cosa. Nosotros hacemos lo que tenemos que hacer en cada momento: podamos cuando se debe podar, abonamos cuando se debe abonar y, evidentemente, nos gastamos bastante dinero en el cultivo. Pero esto es así, como el fútbol, si no se chuta no hay goles.

Ni me atrevo a preguntarle ya por los concentrados, el omega3 y los hipervitaminados, pero ¿qué se le pasa por la cabeza cuando en el mercado ve esas naranjitas que parecen perdigones, pelín anoréxicas? 
La verdad es que lo primero que siento es una gran impotencia. Es fácil recoger las naranjas antes de tiempo, en septiembre y octubre, darles un baño de carburo pa­ra abrillantarlas y «anaranjarlas», y guardarlas en cámaras. No me extraña. Porque del precio de venta al público, el 5 por ciento, como mucho el 10, es para el agricultor.

Supongo que los zumos de los bufés de tantos hoteles y esas máquinas expendedoras le parecerán cosa del diablo. 
No es nuestra manera de trabajar. Nosotros únicamente ofrecemos calidad. Si alguien me llama para pedirme un precio, cuelgo el teléfono. Ahora sí, un cliente mío sabe que tiene garantizada la calidad de un zumo de naranja, que no va a ser un zumo de limón, que no le va a arder el estómago con la acidez. Hace unos pocos días, por ejemplo, me llamó el dueño de cuatrocientas máquinas de zumo y no le di ni precio. Ése no es mi tipo de cliente.

El Valencia le pisa los talones al Barça, no me irá a decir que los chicos de Quique Flores juegan así porque se inflan de naranjas Lola.
No se si estarán en forma gracias a mis naranjas, pero desde luego hay varios jugadores del Valencia que las comen… y las pagan. Incluso algunos, que son de aquí de la Serra, como Albelda y Albiol, tienen sus propios huertos, sus propios naranjales.

Me apuntaria como catador, pero supongo que la plaza esta ocupada, que alguien tiene ya ese privilegio.
Si, claro, las naranjas se van catando por toda la familia (su media naranja, su mujer, Lola, la que da nombre al negocio, y sus hijos) y usamos diversos aparatos. Este año ha sido muy tardío, y se ha dado la circunstancia de que recibí encargos de gente bastante importante (esa gente puede llamarse Martín Berasategui, Cayetano y una boda en Sevilla…) y en principio me negué. Mirad, no os puedo dar limones en lugar de naranjas, os estaría engañando, les dije.

Entre sus clientes figuran muchos de los más renombrados, experimentados (y experimentales, todo hay que decirlo) cocineros de España. ¿No le da pena cómo pueden acabar las naranjas Lola en manos de estos alquimistas que, por ejemplo, se las deconstruyan?
Sé que mis naranjas les resultan muy útiles en su nueva cocina. Por ejemplo, Ferrán adora mi naranjas sanguinas (esas de pulpa casi roja, habituales en los zumos italianos), y sé que las usa para sus famosas espumas.

Siempre que se habla con usted se le nota lleno de energía y de buen humor, tal vez a nuestros políticos no les vendría mal seguir una dieta a base de sus naranjas.
Soy apolítico, pero creo que en España parece que molesta la agricultura. La gente del campo no quiere ayudas, lo que necesita es un precio de origen. No se puede seguir adelante cuando a un agricultor se le pagan tres pesetas en origen por un producto que en el mercado va a alcanzar las cien. Hace treinta, cuarenta anos, la arroba valía casi lo mismo, pero en zonas como la valenciana se vivía bien del campo. Recuerdo que los primeros 600 que se vieron eran de pequeños agricultores.

¿Sus naranjas le han producido algún momento amargo, algún sueño que aún no ha logrado? 
Mi gran capricho habría sido que mi madre hubiera podido llegar a ver el éxito de nuestra empresa, ese habría sido mi gran sueno que no se ha podido realizar. Y, hoy en día, lo que realmente me gustaría es darles en mano y personalmente a los Reyes nuestras naranjas.