El blog de naranjaslola

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Una frutería “puntocom”

Naranjas Lola utiliza internet para distribuir sus productos . (Publicado en El País)

Antes de llegar a Cullera, según se viene de Alicante, un camino agrícola se interna entre huertos, la mayoría de ellos sembrados de árboles frutales cítricos -naranjos, limoneros, pomelos, etcétera-. Por allí se extienden los campos de cultivo de Naranjas Lola, un negocio hortofrutícola, tradicional y familiar, al que sus propietarios han sabido colocar en el mercado utilizando el más moderno de los medios: la web. Pero esta historia comienza mucho antes de la era de Bill Gates.

Para mantener las tierras había que trabajar mucho. Y Federico Aparici y su esposa, Lola Colomar, junto a sus dos hijos, Juan y Federico, estaban hartos de que tanto sudor dejado bajo el sol no redundara en una mejora en su calidad de vida. Federico confiaba en su producto, sabía que si conseguía llegar directamente al consumidor, triunfaría. Pero la realidad del mercado era tozuda -“nos debatíamos entre abandonar los cultivos, porque la rentabilidad apenas nos daba para cubrir gastos, o buscar una fórmula que nos permitiera obtener beneficios. Y ahí es cuando se nos ocurrió la idea de Internet”-.

“Tener paciencia”
La luz se le encendió después de ver en televisión un reportaje que le hicieron a Carlos Barrabás, un comerciante de Benasque (Huesca) que, a través de la Red, vende material de montaña a todo el planeta -“le llamé por teléfono y me dio un consejo que me resultó de gran utilidad: tener paciencia”-.

Y vaya que si la necesitó. Corría el año 1999. Su hijo Juan, entonces un chaval de 15 años que hoy es informático, se encargó de diseñar la página -“las nuevas tecnologías eran, para nosotros, unas perfectas desconocidas, pero decidimos arriesgarnos”-.

“La primera versión de la web era sencilla y se llamaba www.naranjasdevalencia.com”, recuerda Federico. “Elegimos esta dirección porque pensábamos que la gente, cuando entrara en Internet buscando información de naranjas, utilizaría el nombre como si de una denominación de origen se tratara”.

Pero las cosas no fueron como se preveían -“el primer año, por no entrar, no entraron en la página ni los virus”. Aquel fue el segundo tropezón -“antes, enviamos 8.000 cartas a restaurantes de toda España; nos respondieron veinte: no sacamos ni para pagar los sobres”. Empezó a cundir el desánimo -“llegué a pensar en cerrar la página”-. Afortunadamente, no lo hizo -“acudimos a una empresa de informática, cambiamos el nombre de la página, mejoramos los contenidos, la dimos de alta en los servidores, etcétera”-.

Hoy, Naranjas Lola surte a 400 restaurantes y 1.500 clientes particulares repartidos por toda España -“lo mejor de lo mejor: Martín Berasategui, Mugaritz, Las Rejas, Viridiana, El Chaflán, El Bulli, El Celler de Can Roca…”-.

Nueva distribución
Internet, aparte de ahorrar costes con los intermediarios, permite ofrecer a los clientes productos recién cogidos del árbol -“tan sólo 24 horas antes de que lleguen a su destino; y eso sin que intervengan en la maduración tratamientos químicos, colorantes y conservantes”-. Esto es, que dado que los productos de Federico y su familia no pasan por cámara frigorífica alguna, las diferentes producciones que salen de sus campos tienen sus temporadas de recogida -“las naranjas navelinas se recolectan entre diciembre y enero; la variedad late, desde febrero hasta mayo; y, por último, los limones y las naranjas sanguinas tienen su época de diciembre a mayo”-.

El novedoso sistema de distribución ha repercutido en beneficios para el productor, pero también para el consumidor -“comer una naranja recién recolectada no tiene nada que ver con hacerlo con otra que haya pasado una temporada, más o menos larga, en una cámara frigorífica”-.

“Solamente servimos el fruto en el momento en que ha alcanzado su punto óptimo de maduración. Nosotros lo probamos; si comprobamos que todavía no está maduro, esperamos todo el tiempo que sea necesario”.

Naranjas Lola: la calidad lo es todo

Publicado en Diario del Gourmet de provincias.

Diario del Gourmet de provincias y del perro gastrónomo es uno de los blogs más activos dentro de los dedicados a la gastronomía. En el artículo que dedicó a Naranjas Lola destacó la calidad de nuestras naranjas como el elemento clave de toda la atención recibida por parte de los medios de comunicación y de los grandes cocineros y restaurantes que contamos como clientes.

“En la calidad de la oferta radica el éxito de la propuesta de Naranjas Lola. Cuando estamos acostumbrados a consumir naranjas de una calidad bastante pobre, muchas veces traidas de Sudáfrica o de América de Sur, conservadas en cámara, producidas de manera extensiva a base de abonos, encontrarnos con una naranja natural, sin aditivos, que no pasa por cámara frigorífica y que en 24 horas desde que es recogida del arbol está en nuestra casa es un auténtico lujo que nos recuerda que a veces los productos más simples pueden ser también los mejores”

Pueden leer el artículo original en la web Diario del Gourmet de provincias AQUÍ.

Entrevista a Federico Aparici

“Si alguien me pide precio le cuelgo el teléfono, ese no es mi cliente” (Publicado en ABC)

Sus naranjas, más que naranjas, parecen balas de cañón. Hambre no pasan, ¿no? 
Desde luego, conseguir unas naranjas de esta calidad es bastante complicado. No es una cuestión de suerte, sino de prestarles muchos cuidados y mimos, hacer cada cosa a su tiempo y un tiempo para cada cosa. Nosotros hacemos lo que tenemos que hacer en cada momento: podamos cuando se debe podar, abonamos cuando se debe abonar y, evidentemente, nos gastamos bastante dinero en el cultivo. Pero esto es así, como el fútbol, si no se chuta no hay goles.

Ni me atrevo a preguntarle ya por los concentrados, el omega3 y los hipervitaminados, pero ¿qué se le pasa por la cabeza cuando en el mercado ve esas naranjitas que parecen perdigones, pelín anoréxicas? 
La verdad es que lo primero que siento es una gran impotencia. Es fácil recoger las naranjas antes de tiempo, en septiembre y octubre, darles un baño de carburo pa­ra abrillantarlas y «anaranjarlas», y guardarlas en cámaras. No me extraña. Porque del precio de venta al público, el 5 por ciento, como mucho el 10, es para el agricultor.

Supongo que los zumos de los bufés de tantos hoteles y esas máquinas expendedoras le parecerán cosa del diablo. 
No es nuestra manera de trabajar. Nosotros únicamente ofrecemos calidad. Si alguien me llama para pedirme un precio, cuelgo el teléfono. Ahora sí, un cliente mío sabe que tiene garantizada la calidad de un zumo de naranja, que no va a ser un zumo de limón, que no le va a arder el estómago con la acidez. Hace unos pocos días, por ejemplo, me llamó el dueño de cuatrocientas máquinas de zumo y no le di ni precio. Ése no es mi tipo de cliente.

El Valencia le pisa los talones al Barça, no me irá a decir que los chicos de Quique Flores juegan así porque se inflan de naranjas Lola.
No se si estarán en forma gracias a mis naranjas, pero desde luego hay varios jugadores del Valencia que las comen… y las pagan. Incluso algunos, que son de aquí de la Serra, como Albelda y Albiol, tienen sus propios huertos, sus propios naranjales.

Me apuntaria como catador, pero supongo que la plaza esta ocupada, que alguien tiene ya ese privilegio.
Si, claro, las naranjas se van catando por toda la familia (su media naranja, su mujer, Lola, la que da nombre al negocio, y sus hijos) y usamos diversos aparatos. Este año ha sido muy tardío, y se ha dado la circunstancia de que recibí encargos de gente bastante importante (esa gente puede llamarse Martín Berasategui, Cayetano y una boda en Sevilla…) y en principio me negué. Mirad, no os puedo dar limones en lugar de naranjas, os estaría engañando, les dije.

Entre sus clientes figuran muchos de los más renombrados, experimentados (y experimentales, todo hay que decirlo) cocineros de España. ¿No le da pena cómo pueden acabar las naranjas Lola en manos de estos alquimistas que, por ejemplo, se las deconstruyan?
Sé que mis naranjas les resultan muy útiles en su nueva cocina. Por ejemplo, Ferrán adora mi naranjas sanguinas (esas de pulpa casi roja, habituales en los zumos italianos), y sé que las usa para sus famosas espumas.

Siempre que se habla con usted se le nota lleno de energía y de buen humor, tal vez a nuestros políticos no les vendría mal seguir una dieta a base de sus naranjas.
Soy apolítico, pero creo que en España parece que molesta la agricultura. La gente del campo no quiere ayudas, lo que necesita es un precio de origen. No se puede seguir adelante cuando a un agricultor se le pagan tres pesetas en origen por un producto que en el mercado va a alcanzar las cien. Hace treinta, cuarenta anos, la arroba valía casi lo mismo, pero en zonas como la valenciana se vivía bien del campo. Recuerdo que los primeros 600 que se vieron eran de pequeños agricultores.

¿Sus naranjas le han producido algún momento amargo, algún sueño que aún no ha logrado? 
Mi gran capricho habría sido que mi madre hubiera podido llegar a ver el éxito de nuestra empresa, ese habría sido mi gran sueno que no se ha podido realizar. Y, hoy en día, lo que realmente me gustaría es darles en mano y personalmente a los Reyes nuestras naranjas.

Naranjas como panes

En la columna La Vida Buena del diario La Nueva España.

A día de hoy confieso que no sé si las naranjas de Lola son más negocio para mí (o para usted) que para Lola o a la inversa. Pero mientras tanto hablaré de lo que más me admira, que es el hecho de llamar por teléfono a una empresa valenciana de Cullera, junto a Sueca, ser atendido por un personal de infrecuente amabilidad y antes de veinticuatro horas tener en mi casa una caja con cuarenta y ocho naranjas exquisitas y estupendo calibre (15 kilos) a cambio de 32 euros. Aunque lo mejor es que me digan que primero las pruebe y luego, si son de mi agrado, les haga llegar el importe de la forma que me sea más cómoda. La verdad es que en España uno no está acostumbrado a este trato, ante el que el más aguerrido chorizo se entregaría sin remedio. Porque, ¿quién sería capaz, después de todo eso y de probar la excelsa calidad de la mercancía, de no buscar la sucursal bancaria más próxima y transferir de inmediato la cantidad debida?

Los tipos más duro de mi entorno hacen cálculos y me dicen que me sale la naranja a 70 céntimos la pieza, o sea a unas ciento quince de las antiguas pesetas. Y es cierto que el otro día pude comprar otras navel en oferta que no estaban nada mal en la frutería de al lado de casa a cinco veces menos cada pieza. Pero no son lo mismo, arguyo; pero cuestan mucho menos, me contraargumentan. No lo sé. Pero confieso que estoy enganchado a las navel de Lola, porque una calidad similar en naranjas hacía mucho tiempo que no pasaba por mi boca. No se me da nada rentabilizar convencionalmente inversiones, pero los epicúreos somos así: pagamos lo que haga falta por el placer inmediato, sin preocupamos de más. O sea, una ruina humana a los ojos de mi cuñado con raíces castellanas que me lo reprocha de continuo: acabarás en la beneficencia como sigas así, me reprocha.

Ferrán Adrià
A mí saber que consumo las mismas naranjas que el Rey de España o que las que llegan a las cocinas de Ferrán Adrià, de Abraham García, de Santi Santamaría, de Andoni Adúriz o de Martín Berasategui me hace bastante ilusión, porque pienso igual que éste último cuando asegura que se trata de «un fruto dorado y jugoso hasta la perdición».

Federico Aparici, su esposa Lola Colomar y sus hijos tienen las chispa de los buenos comerciantes mediterráneos para vender bien un buen producto. De entrada, no cobran los portes hasta el domicilio porque se supone que eso lo compensan con lo que ahorran de eludir al menos a un par de intermediarios. «Chapeau» para ellos como pioneros en la venta por internet. Por esa vía el cliente puede tener en casa a las pocas horas naranjas navelinas (de diciembre a enero), navel lane­ late (de febrero a mayo), sanguinas (de diciembre a mayo), pomelos rosa o limones (en igual período). Recién recogidas del árbol, cultivadas en la propia finca sin aditivo alguno ni potenciadores de color o desarrollo y regadas con el agua del manantial que tienen dentro de ella.

Naranjas frescas para paladares exigentes

Publicada en el periódico Cinco Días.

No es fácil comer naranjas frescas en España. La mayoría de las que se venden han sido arrancadas del árbol todavía verdes, maduradas en cámaras frigoríficas y coloreadas con productos químicos. Un agricultor de Cullera (Valencia), Federico Aparici, se propuso hace cinco años hacer llegar sus naranjas frescas a toda España, 24 horas después de arrancadas del árbol, mediante pedidos por teléfono e Internet. En 2003 Naranjas Lola (www.naranjaslola.com) envió más de 100.000 kilos a sus clientes ya habituales, 350 hoteles y restaurantes y casi 2.500 familias.

Los más afamados restauradores, banqueros, bodegueros y empresarios se encuentran entre los clientes de la empresa que regentan Aparici, su esposa Lola Colomar y sus tres hijos. Navelina y navel late son las variedades que ofrece la empresa en cajas de 15 kilos. Salvo en Navidad y previa petición expresa, las naranjas van en cajas de madera normales, sin adornos, “porque lo valioso es el producto”, según su propietario.

La confianza en su calidad es tal, que Naranjas Lola no cobra por adelantado ni contra reembolso. “Les digo a mis clientes que las prueben y que me las paguen si les gusta”, explica Federico Aparici. Son muy pocos los que no han pagado, bien porque no les han gustado o, como piensa Aparici, porque son “unos espabilados”. Sea uno u otro el motivo, ya no se les envía más. La empresa a comenzado a repartir en Andorra y Portugal.

24 horas
Los incondicionales de Naranjas Lola saben que las naranjas que reciben en casa estaban colgadas en el árbol 24 horas antes. La empresa, en la que trabaja toda la familia, las recogen del árbol el día que reciben el pedido, las lavan manualmente, las empaquetan y las envían por transporte urgente, para que al día siguiente estén en su destino. Dado que la naranja tiene su temporada sólo sirven entre octubre y mayo.

NaranjasLola.com, del árbol a la web

NaranjasLola.com vende a 2.000 familias españolas por Internet.Batiste, con 84 años, recoge naranjas y su nieto, con 18, mantiene la página. (Publicado en El País)

“Había que hacer algo. Hoy, un kilo de naranjas tiene el mismo precio que hace 40 años. Antes, los productores eran los primeros que se compraban los seiscientos. Ahora, somos los pobres”, dice Fernando Aparici. Cansado de malvender, en 1999 empezó a comercializar su fruta por Internet: 30 euros por una caja de 15 kilos, cuando el agricultor vende el kilo a 20 céntimos. Cuatro años después, NaranjasLola.com sirve por la red a 2.000 familias españolas, recibe el 60% de los pedidos por correo electrónico y tiene 500 visitas diarias en su página.

La empresa lleva el nombre de la mujer de Aparici, Lola Colomar, y en ella trabajan tres generaciones de la familia. Se consideran unos productores pequeños. Recogen unos 200.000 kilogramos de naranjas.

Aunque en la conversación repite varias veces “soy un paleto”, lo cierto es que Aparici ha desarrollado un eficaz método de mercadotecnia alrededor de la naranja. Después de recibir el pedido por Internet, Aparici llama por teléfono a los nuevos clientes y les explica las características de sus naranjas. “Les digo que las tendrán al día siguiente y que no hace falta que le paguen nada al transportista. Quiero que las prueben y si les gustan ya las pagarán”.

Los gastos de transporte están incluidos en el precio de la caja. “El pedido medio por familia es de un par de cajas. Nuestras naranjas, si se guardan en un sitio fresco, aguantan 20 o 25 días. Hace cuatro años que mantenemos el mismo precio. Algunos clientes me dicen que suba el precio de las naranjas porque creen que si sigo vendiendo tanto no habrá naranjas para todos”. Ya vende a 2.000 familias españolas y se empiezan a extender por Andorra y Portugal.

Federico Aparici lleva toda su vida cultivando naranjas, pero la inspiración para su renovación comercial le llegó en 1999. Aquel año conoció la historia de los Barrabés, una familia que desde su Benasque, un pueblo de 900 habitantes, vende artículos de montaña para todo el mundo.

Le pidió a su hijo Juan, que entonces tenía 15 años, que diseñara una página web. A la vez, logró reunir 8.000 direcciones de restaurantes españoles y les envió una carta en la que les ofrecía sus naranjas. “Me contestaron 20. No sacamos ni para pagar los sobres. Lo mismo pasó con la página web el primer año. Llegué a desconfiar de Internet y pensé en cerrar la página”.

Aparici decidió que si los restaurantes no contestaban a sus cartas, al menos responderían a sus llamadas telefónicas. “Poco a poco, comenzamos a recibir pedidos. Ahora nos compran más de 400 restaurantes. Lo mejor de lo mejor: Santi Santamaría, Adriá, los hermanos Roca, Martín Berasategui, la Casa Real…”.

Aparici está convencido de la calidad de sus naranjas. “A partir de septiembre, en la Comunidad Valenciana ya se recogen las de la variedad navelina. Las guardan en cámaras y les dan color con carburos porque están verdes. Nosotros comenzamos a venderlas en diciembre para que maduren en el árbol. No empleamos productos químicos para darles color”.

En la empresa trabaja toda la familia. Juan, con 18 años, sigue manteniendo la web; y Batiste, con 84 años, padre de Lola Colomar, sigue acudiendo al campo.